3 sept. 2009

Anecdotas de un ciego (ultima parte)

Escuchar a las personas quejarse me daba ganas de quedarme sordo. Serí especial: sordo y mudo, un palo. Aún no sé que sería mejor, si recupero mi vista me tocaría ver las desgracias de la vida, si quedo sordo no escucho las tonterias de los brutos. Pero volviendo a mi caso de la ceguera, donde quedamos? Ahh si, mi visita co el doctor. Sí (suspiro), la recuerdo muy bien, como si fuera ayer, su voz tan plástica, su rostro tan amargo y su cuerpo tan entorpecido, sin dejar de arrugar las cejas. Parecía como si estuviera más ciego que yo.

CLARO QUE LO Ví!

Puedo ver (oh! milagro)....siempre he vistoy mi doctor no era un doctor, solo era el producto de mi imaginación que es tan creativa hasta cuando duermo. Sí, se lo que piensas en estos momentos, una paranoia mortal o más bien un golpe fuerte en la cabeza. Ni yo mismo me lo creía cuando me enteré que no era ciego.


"Mi paciencia había terminado, mi ceguera había terminado, y es que el producto de una pesadilla me había hecho ver, de donde sale eso? es que mis sueños, o más bien, pesadillas son tan reales que hacen que una paranoia sea agradable. Y pensar que estuve ciego, sería mejor que soportar todo esto. Lo interesante es que lo cierto es que no sé que hago en un manicomio; no puedo creer que mi psicología social este fundida, materia gris disminuida, conocimientos descarados y agotados. Aunque pensándolo bien, una ceguera permanente es la solución para ignorar mi alrededor".