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Mostrando entradas de febrero, 2014

El lago de los recuerdos.

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encontrar escritos de un par de meses atrás, no recuerdo la fecha exacta en lo que escribí esto.



Me pregunto si el verde aún sigue ahí…
 Mis expectativas de la vida ya estaban más abajo del suelo y de mis ganas de continuar sobreviviendo. Solo necesitaba una nueva rutina. Había aprendido lo que era la vida de verdad cuando le conocí. Nunca pensé terminar de esta manera, solo era un chico más del que pensaba no se podía fijar en mí, y que a final de cuentas hizo que note todo el potencial que llevaba conmigo y que por miedo a fracasos no había distinguido.  Aprendí a reír más, a soñar con los pies en la tierra. Y con dificultades de por medio, confirmo que aprendí a amar. Un amor de verdad, sin necesidad de dar detalles que estén de más, sin decir mil veces lo que siento, pues con solo dar miradas limpias el corazón palpita. Sufrí y amé. La tristeza ya tenía instalada una casa en mi alma, y aun así seguí queriendo lo que parecía imposible luego de un tiempo difícil, porque solo se siente…

En nuestro jardín de las palabras

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Me bastaba con tenerle a mi lado. 
Un mes pasa rápido, pero es justo lo exacto para sentirme triste sin su presencia. Un mes pasa y ya quiero inventar otro mundo en donde poder verle. Extrañarle ya no se me hacía una opción. Así que le invité a nuestro lugar. A nuestro jardín. 


Tranquilidad, naturaleza, los dos, y todas esas cosas que a los dos nos gustan. El lugar perfecto para hablar, para reír, para soñar despiertos, para vernos, para admirar cada una de las miradas. Los árboles, el tranquilo lago, las conversaciones de las aves, nuestras conversaciones: a veces intelectuales a veces de tonterías, pero siempre hablamos de algo. 
Silencios. También hablamos en silencio, tratando de leer nuestras mentes, tratando de escuchar solo a los árboles.  
Y luego de un radiante sol, la lluvia intenta invadirnos, pero no nos preocupa. Nos tenemos uno al otro. Y una sombrilla, por supuesto. 
¿Y qué si llueve? ya estábamos allí. No daríamos marcha atrás. El recorrido valía la pena como para huir por …