26 sept. 2015

Ansiedad

A veces, me entra un exceso de futuro en la vida. Quiero saberlo todo. ¿Qué puede pasarme? O ¿Cuál será mi siguiente paso? ¿A quién debo acudir? O ¿cómo debería hacerlo?
Estas y mas preguntas similares invaden mi cabeza en momentos inoportunos y me dejan tumbada en otro espacio u otra dimensión. Como si todo se detiene y yo sigo ahí, ansiando saber más. Pero de que vale sentarme a pensar en cosas futuras si no resuelvo nada en mi presente. El ahora es lo que vivo y gracias a esto es que tengo un mañana, bueno, malo o quizás, simplemente, quede a la deriva y no lo tenga.
Pero que prisa puedo tener yo, si aun estoy detenida en vagos pensamientos y pocas acciones. Puede que esta sea la mejor etapa de mi vida, por "pocas responsabilidades". Aunque no pensé que la crisis de los veinte me llegara tan pronto. Uno se imagina que estas cosas llegan cuando terminas todos los estudios y no tienes algo más que hacer sino matarte buscando un trabajo. Y digo que llegaron rápido pero ya a mis dieciocho estaba yo pensando en mi futuro, solo que ahora los empujones van más fuertes.
Y, pues sí, ya me pasó lo de querer cambiar de carrera en la universidad, ya perdí mucha gente que estuvo a mi lado sólo en buenos momentos, ya he pensado en buscar trabajo de medio tiempo para seguir estudiando, ya quise tomar la fotografía como hobby, mi afición por la música y tocar la guitarra ya bajo de nivel, ya me dijeron que mi sarcasmo aleja a futuras nuevas amistades, en mi lista de cosas por hacer antes de morir esta un viaje de mochileros, ya he pensado en como sería el mundo sin mí... Ya pensé como toda una joven en sus veinte y algo. A penas inicio los veinte y me parece como si ya estuviera cerca de los "ta".
Lo mas preocupante a esta edad es "que la mejor etapa de la vida no se pase como si no existiera", y es algo que he escuchado decir a muchos conocidos que atraviesan la misma zona de terror. Pero, ¿Qué es existir?
El simple hecho de estar vivos en el mundo ya es existir, el problema radica cuando queremos ser reconocidos por algo. Y esa es la palabra exacta que se debe usar: RECONOCIMIENTO. Porque creemos que si no dicen algo de nosotros no existimos. Y no me refiero a ser reconocidos en un ámbito de fama, sino hacer algo con nuestras vidas que los demás se sientan orgullosos al respecto. Como cuando eramos niños y lo que nos preocupaba era si estábamos colocando las piezas del rompecabezas bien y mirábamos la cara del adulto en el momento cerca, esperando una aprobación.
Aprobaciones. Desde siempre esperando por ellas.

18 sept. 2015

Soluciones en el techo.

-A ver Felipe, pasame esas hojas. No creo que el té se prepare solito. Le dijo Laura. Sin tomar en cuenta lo ocupado que él estaba mientras leía el contrato de alquiler de su nueva casa. Desde que se mudaron allí no dejaba de darle dolor de cabeza, y es que su mortificación de salir adelante no lo dejaba en paz, y se volvía un constante estrés.
Laura, en cambio, tan paciente, dejaba que todo caiga por su propio peso. Era mas creyente de aceptación a lo que deje el destino. Felipe lo tomaba más como un conformismo escondido en teorías de hippies.
-No creo que podamos permanecer otro mes más aquí - le dijo Felipe desganado. Laura sólo lo miró. Le gustaba mucho el lugar, de todos en los que habían estado ese era el único que la hacía sentir como si de verdad tuvieran un hogar. Y sobre todo, seguridad. -Tendría que pedir un aumento o buscar otro trabajo, y me parece que la segunda opción es mas favorable que imposible pero a la vez difícil - finalizó Felipe mientras Laura le pasa la taza de té y el tarrito del azúcar.
- Puedo pedir el aumento yo - dijo Laura con toda seguridad y confianza. Felipe suspiró. No le agradaba la idea. Laura trabaja en una imprenta de su familia; pedir un aumento significaría dejarles saber que no se estaban administrando bien económicamente. Y era lo último que Felipe querría.
Felipe, un muchacho pueblerino, en cambio, trabajaba como asistente de un periodista que escribía en uno de los periódicos mas reconocidos de la ciudad. Su meta era llegar a ser escritor y lo lograría aprendiendo de los mejores, escalando desde abajo. - Podemos hacer recortes de cosas insignificantes que no usemos diario - le dijo Laura mientras limpiaba la meseta. Felipe no dijo nada, solo pasó su mano por la cabeza. La paciencia de Laura se terminaba, no podía creer que él se rindiera tan fácil.
Se sentaron en el sofá negro de la sala, cada uno mirando su pedacito de techo. Como si ahí buscaran la solución tratando de no mirarse uno al otro, de no chocar miradas como les gustaba hacer. Era la primera vez que Laura dejaba que ese silencio incómodo reine sobre ellos; Felipe no indagó, pero quedó extrañado.
- Haremos recortes de las cosas que no usemos diario. - dijo Felipe, imitando la idea exacta que había dado Laura, para detonar una reacción en ella. Sólo lo miró y sonrió, siguió mirando al techo. Como si aun seguía buscando una solución.